El despertar


Bajábamos hacia el valle a toda velocidad, conscientes de que nosotros tres ya habíamos pasado el peligro. Dylan, sin embargo, necesitaba una intervención médica inmediata si no queríamos perderlo.

Tardamos apenas diez minutos en llegar al río, donde un trineo empujado por una antigua línea de telesillas que habíamos restaurado hacía unos años nos esperaba. Gracias a esta línea éramos capaces de subir al puerto en apenas media hora en lugar de ascender durante toda la mañana. Esa segunda opción nos habría obligado a quemar el cuerpo de Dylan, como lo hemos hecho en tantas ocasiones con aquellos que se han infectado.

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